Hoy todos sabemos que el cambio es una constante y más en estos momentos. También sabemos que la capacidad de adaptación nos ayuda a obtener lo mejor de las situaciones. Ya lo decía Heráclito “Lo único que permanece es el cambio”

Sin embargo diferentes estudios señalan que las tasas de fracaso de los programas de cambio en las organizaciones llegan al 70%. ¿Por qué sucede esto?

Tal pareciera que no nos gusta cambiar. Los cambios desde nuestra visión se gestan a varios niveles: A nivel de la cultura de la empresa, de la propia dinámica organizacional, a nivel de los procesos y a nivel de los individuos.

Existen muchas metodologías para afrontar el cambio. En ellas se detallan los componentes indispensables que deben estar presentes para realizarlo. Estas se pueden concentrar en dos grandes categorías con base a su enfoque principal. Aquellas que se enfocan en las condiciones del exterior del individuo y las que se enfocan en las condiciones al interior del individuo.

Es bien conocido que modificar el contexto en el que los individuos se desenvuelven es clave para facilitar el cambio e impulsa el mismo. Asimismo se reconoce la importancia de la motivación interna de realizarlos.

Hoy queremos hablar de esta motivación. Esta es el punto de partida de todo cambio. A menudo intentamos cambiar, pero sin motivación el título del artículo se manifiesta, vamos a perder el tiempo y el cerdo se va a enfadar.  Para iniciar cualquier cambio debemos tener la energía para ello.

A lo largo de la historia humana se han encontrado dos situaciones que nos motivan a cambiar, aquello que queremos evitar o de lo que queremos librarnos, y lo que deseamos o aquello que aspiramos.

Para simplificarlo podemos decir que tenemos motivaciones negativas (lo que buscamos evitar) o motivaciones positivas (lo que deseamos alcanzar). Estos dos tipos de motivaciones al combinarse con el factor tiempo nos dan seis variaciones a los tipos de motivaciones básicas.

  1. Motivación pasada negativa. La gente se siente más motivada por sus desgracias que por sus dichas.
  2. Motivación pasada positiva. La gente quiere que vuelvan las cosas como solían ser.
  3. Motivación presente negativa. Lo que le disgusta de la situación actual.
  4. Motivación presente positiva. Trabajar para tener lo mejor de la situación presente.
  5. Motivación futura negativa. La preocupación o miedo de lo que podría suceder en el futuro.
  6. Motivación futura positiva. Lo bien que podrán ir las cosas en un futuro.

El reconocer estas motivaciones nos permite hacernos las preguntas adecuadas para encontrar la energía necesaria para iniciar el cambio:

  • ¿Cuál de estas motivaciones es la que nos genera la mayor preocupación?
  • ¿Cuál de ellas le genera más preocupación a su superior?
  • ¿Con base a cuál de ellas puedo establecer objetivos específicos que nos muestren que estamos avanzando?

Sin la energía correcta va a ser muy difícil iniciar el cambio.

Nuestra recomendación es buscar avanzar hacia lo que queremos en lugar de alejarnos de lo que no queremos.

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